El Cártel de los Soles: una red invisible convirtió Venezuela en epicentro del narcotráfico global

 

Más que un cártel clásico, es una arquitectura de corrupción militar que conecta la coca colombiana con mercados de tres continentes.

Rolando Pujol
Mundiario
31 de diciembre de 2025

Durante años, el nombre Cártel de los Soles ha flotado entre denuncias judiciales, informes de inteligencia y desmentidos oficiales. Para unos, es la prueba de que Venezuela se convirtió en un “narcoestado”; para otros, una etiqueta política diseñada para justificar presiones internacionales. La realidad, como suele ocurrir en el periodismo de investigación, es más compleja —y más inquietante— que los eslóganes.

Lejos de ser un cártel tradicional al estilo de Medellín o Sinaloa, el Cártel de los Soles funciona como una red descentralizada de nodos militares corruptos, incrustada en las Fuerzas Armadas venezolanas y en otras estructuras del Estado. Su papel no es producir droga, sino garantizar que la cocaína fluya: entra desde Colombia, atraviesa Venezuela con protección oficial y sale rumbo al Caribe, Centroamérica, África Occidental o Europa.

LA RUPTURA CON LA DEA

Venezuela rompió abruptamente toda relación operativa con la Agencia Antidrogas estadounidense (DEA) en enero de 2016, bajo el Gobierno de Nicolás Maduro, acusando formalmente a la agencia de realizar operaciones de espionaje encubierto y de actuar como un brazo de desestabilización política que violaba la soberanía nacional.

Esta decisión, enmarcada en el severo deterioro de las relaciones bilaterales, eliminó el último canal de cooperación bilateral en materia de seguridad y consolidó una narrativa de mutua desconfianza.

Precisamente, la ruptura del contacto directo y la consiguiente imposibilidad de verificación conjunta, es una de las razones centrales por las que el Gobierno de Estados Unidos ha acusado de manera recurrente y pública a la cúpula del gobierno de Maduro, incluyendo al propio presidente, de mantener vínculos con carteles internacionales de narcotráfico y de convertir al Estado en una plataforma para el tráfico de drogas.

EL ORIGEN: COCA COLOMBIANA, ACTORES ARMADOS Y RÉCORDS HISTÓRICOS

El punto de partida está claramente identificado. Colombia es el principal productor mundial de cocaína, concentrando más del 67% de los cultivos globales de coca en 2023. Ese año, según el World Drug Report 2025 de la ONU, la producción alcanzó un récord histórico de 3.708 toneladas, impulsada por la expansión de cultivos, mejoras técnicas y el control territorial de grupos armados.

Los actores dominantes son las disidencias de las FARC, que rechazaron el acuerdo de paz de 2016, y el ELN, junto a otras organizaciones como el Clan del Golfo. Desde regiones como Catatumbo, Cauca, Nariño, Putumayo o Norte de Santander, la cocaína se procesa y se dirige hacia la frontera venezolana. Las incautaciones récord reportadas por Colombia en 2024 y 2025 —más de 600 toneladas— no han frenado el auge productivo.

VENEZUELA: DE FRONTERA POROSA A NÚCLEO ESTRATÉGICO

Venezuela no es un productor relevante de cocaína. Los cultivos detectados en su territorio son marginales y están ligados a grupos colombianos que operan en zonas fronterizas. Su importancia radica en otra función: la de país de tránsito protegido.

Estimaciones de la DEA, InSight Crime y Transparencia Venezuela coinciden en que entre el 20 y el 25 % de la cocaína mundial transita en algún punto por Venezuela, lo que equivale a cientos de toneladas al año. Las razones son evidentes: una frontera de más de 2.200 kilómetros difícil de controlar, selvas y ríos ideales para el ocultamiento, extensas costas caribeñas y, sobre todo, corrupción institucionalizada.

Grupos como el ELN y las disidencias de las FARC operan con relativa libertad en al menos 15 estados venezolanos, donde almacenan, reorganizan cargamentos y coordinan envíos internacionales.

EL CÁRTEL DE LOS SOLES: CÓMO FUNCIONA REALMENTE

El término “Soles” alude a las insignias de los generales venezolanos. Pero el fenómeno va mucho más allá de una cúpula militar específica. Según investigaciones de InSight Crime, se trata de un sistema de corrupción generalizada, no de una organización jerárquica única.

Militares de distintos rangos —desde capitanes hasta altos generales— participan de diversas formas:

  • Cobro de sobornos por permitir el paso de cargamentos.
  • Protección armada en rutas terrestres.
  • Manipulación de radares, apagándolos o alterando códigos de vuelo.
  • Uso de pistas clandestinas, hangares oficiales o valijas diplomáticas.
  • Alertas tempranas sobre operativos.

Lo que comenzó como “vista gorda” a cambio de dinero evolucionó, bajo el chavismo, hacia una participación activa: alianzas directas con grupos armados colombianos y vínculos con organizaciones criminales internacionales. Para 2025, analistas documentaban al menos 123 oficiales activos y retirados vinculados a estas redes.

Ese año, Estados Unidos dio un paso más al designar al Cártel de los Soles como Organización Terrorista Extranjera, señalando incluso al presidente Nicolás Maduro como líder político del entramado. Varios países latinoamericanos se sumaron a las designaciones, mientras Caracas negó categóricamente las acusaciones.

LAS RUTAS: TIERRA, AIRE Y MAR

El tránsito de la droga sigue tres grandes corredores.

1) Rutas terrestres y fluviales

La cocaína entra desde Colombia por Zulia, Táchira y Apure, cruzando ríos como el Catatumbo o el Arauca. Desde allí se desplaza por carreteras secundarias y fincas hacia puntos de salida. En estas rutas, la colaboración de efectivos militares es clave.

2) Rutas aéreas

Venezuela se ha convertido en un nodo aéreo clandestino. Pistas ilegales en Apure, Zulia, Bolívar o Amazonas permiten vuelos rápidos hacia Honduras, República Dominicana o Surinam. Casos emblemáticos —como el decomiso de un avión con 1,3 toneladas en un vuelo a París en 2013— ilustran el nivel de sofisticación.

3) Rutas marítimas

Las costas de Sucre, Falcón, Anzoátegui y los grandes puertos como Puerto Cabello o La Guaira sirven para lanchas rápidas, semisumergibles y envíos ocultos en cargueros. Desde allí, la droga se dirige al Caribe oriental, África Occidental o Europa.

INCAUTACIONES RÉCORD Y LA DISPUTA POR EL RELATO

En 2025, el Gobierno venezolano anunció más de 60 toneladas de droga incautadas, la cifra más alta desde 2010, principalmente en la llamada Operación Relámpago del Catatumbo. Se exhibieron semisumergibles destruidos, lanchas rápidas y laboratorios desmantelados.

Para Caracas, estos datos prueban que Venezuela no es un narcoestado, sino un país que combate el tráfico sin cooperación de la DEA. Para organizaciones independientes, las cifras —aunque reales— representan solo una fracción mínima del flujo total, estimado entre 200 y 600 toneladas anuales. La opacidad en los procesos judiciales y el bajo número de condenas a altos mandos alimentan las dudas.

¿Cuánto daño causa realmente? Un punto clave suele perderse en el debate: la cocaína no es el principal responsable de la crisis de sobredosis en Estados Unidos. Ese lugar lo ocupa el fentanilo, un opioide sintético producido casi exclusivamente en México con precursores químicos asiáticos. Venezuela y Colombia no juegan un papel significativo en ese mercado.

La cocaína sí causa miles de muertes anuales en EE UU, especialmente cuando está adulterada con fentanilo, pero su impacto es muy inferior al de los opioides sintéticos. Aun así, el negocio mueve miles de millones de dólares, distorsiona economías, financia violencia y corroe instituciones.

UN SISTEMA QUE SE ADAPTA

La presión internacional, las operaciones navales estadounidenses en el Caribe y las designaciones legales han obligado a las redes a adaptarse, desviando rutas o usando métodos más discretos. Pero los expertos coinciden: mientras exista producción récord en Colombia y corrupción estructural en Venezuela, el sistema seguirá funcionando.

El Cártel de los Soles no es una oficina central con organigrama y jefe visible. Es algo más difícil de erradicar: una simbiosis entre crimen organizado y poder estatal, diseñada para sobrevivir a sanciones, cambios de rutas y batallas narrativas.

En ese terreno gris, donde la droga no se fabrica pero se protege, Venezuela se ha convertido en una de las bisagras silenciosas del narcotráfico global. Y esa, quizá, sea la acusación más difícil de refutar.

Enlace a artículo original de Mundiario

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