Rusia advierte sobre la creciente influencia de ISIS en Afganistán

 


La reciente amenaza lanzada por Rusia en una reunión del comité del Consejo de Seguridad de la ONU ha reavivado el debate sobre el cambiante estatus de seguridad en Afganistán.

Por el Dr. Usman
Modern Diplomacy
15 de diciembre de 2025

La reciente amenaza lanzada por Rusia en una reunión del comité del Consejo de Seguridad de la ONU ha reavivado el debate sobre el cambiante estatus de seguridad en Afganistán, una región que esperaba que la retirada de la ocupación militar extranjera por parte de potencias extranjeras se viera pronto reemplazada por el pánico. Vassily Nebenzia, Representante Permanente de la Federación Rusa ante las Naciones Unidas, realizó un profundo análisis de la situación en Afganistán, indicando que Daesh (ala del Estado Islámico, o ISIS) no solo sobrevive en Afganistán, sino que también construye activamente sus sistemas de acción. Sus palabras se refieren a una preocupación mayor, expresada por numerosos Estados de la región: que el vacío creado por la incertidumbre política y la ausencia de instituciones está brindando a los grupos extremistas una oportunidad excepcional para arraigarse.

El discurso del Embajador Nebenzia fue muy explícito e imperioso. Esto se basa en Rusia; la estrategia constitutiva de Daesh es oportunista y explota la dinámica de la situación en Afganistán, que está fragmentada en términos de poder, y, por último, intenta afirmar su propia posición como centro de poder. No es la primera vez que Moscú lanza tales advertencias, pero su reciente intervención indica que el problema está madurando a un ritmo que supera las expectativas. La capacidad de Daesh para explotar situaciones de inestabilidad no es un secreto, pero la tendencia actual en la región de Afganistán demuestra que se trata de una estrategia planificada para extender su influencia a otros países y consolidarse como un movimiento transnacional capaz de burlar las instituciones de los estados débiles.

Entre los elementos más peligrosos que menciona Nebenzia se encuentra el hecho de que el grupo continúa recibiendo financiación extranjera y personal entrenado para el combate. La presencia de militantes aguerridos en Siria e Irak que migran a Afganistán es una peligrosa superposición del conflicto regional. No se trata de simples combatientes entrenados en el campo de batalla, sino de combatientes con una red ideológica y una formación operativa, entrenados en algunos de los escenarios de insurgencia más inhumanos de Oriente Medio. Su llegada intensifica el crecimiento de Daesh en Afganistán, incrementando la amenaza para toda la región. Rusia insiste en que esta tendencia no es un caso aislado, sino una tendencia en rápido aumento, y que, por lo tanto, una afluencia de esta magnitud representaría una amenaza directa para Asia Central y el resto del mundo.

Lo que es aún peor es que las armas occidentales enajenadas podrían haber llegado a las calles sin estar bajo el control legítimo. La caótica salida de Afganistán dejó atrás los almacenes de equipo militar sensible, y Rusia ha expresado una y otra vez su preocupación por la facilidad con la que su contenido podría caer en manos de grupos extremistas. Cuando Daesh tenga acceso a armamento de alta tecnología, su capacidad operativa aumentará significativamente, con mayores riesgos para los vecinos de Afganistán, que ya se han beneficiado de las fronteras porosas y la rápida movilidad de los grupos militantes. El riesgo de que este tipo de armas se utilice como herramienta de uso indebido es otro elemento inestable que afecta la situación de seguridad en la región y es la razón por la que Moscú intenta influir en la situación e iniciar medidas de prevención bilaterales.

Pakistán ha sido un actor clave en la región sobre las consecuencias del resurgimiento de la militancia en el territorio incontrolado de Afganistán. Al otro lado de la frontera, Islamabad ha amenazado constantemente con que el clima de laxitud es un caldo de cultivo para redes extremistas que operan directamente contra Pakistán. La seguridad del país ha alertado sobre la creciente presencia de Daesh en el país como una tendencia generalizada, caracterizada por grupos escindidos y otros grupos afines que buscan aprovechar la inestabilidad de Afganistán para llevar a cabo sus actividades en la región. Esto no significa que Pakistán y Rusia estén políticamente coordinados, pero comparten una evaluación similar: todos están expuestos a las consecuencias del deterioro de la seguridad.

El problema en sí mismo se está extendiendo también a Asia Central. La propagación de la actividad terrorista no es un escenario hipotético para Rusia, sino que se está convirtiendo en una realidad. Moscú considera que la región se encuentra en una situación muy delicada, ya que las zonas están próximas entre sí y los grupos extremistas, ya inactivos, pueden revitalizarse gracias a los vínculos con Daesh. Este análisis complementa el argumento de Pakistán de que las partes interesadas de la región no pueden quedarse de brazos cruzados y prepararse para tolerar el surgimiento de ecosistemas extremistas. La amenaza no se limita a Afganistán, sino que es dinámica, regional e incluso interrelacionada.

En este contexto, Nebenzia ha exigido medidas de gran alcance e integrales que van más allá de las promesas retóricas. Hizo hincapié en la necesidad de eliminar las redes terroristas antes de que se conviertan en centros de poder, y es significativo que el territorio de Afganistán no se convierta en una plataforma para atacar a ninguna nación. Esto se cumple con la expectativa, largamente sostenida por el gobierno de Pakistán y otros gobiernos de la región, de contar con acciones verificables, es decir, compromisos que puedan llevarse a cabo sobre el terreno. Están convencidos de que las garantías deben demostrarse con resultados verificables, especialmente en situaciones donde los militantes gozan de cierta libertad.

La misma opinión fue compartida por Sandra Jensen, Representante Permanente Adjunta de Dinamarca, quien enfatizó que la comunidad internacional no puede dar por sentadas las garantías en un entorno donde la situación humanitaria y la seguridad están tan en juego. Pakistán ha adoptado la misma postura en repetidas ocasiones, donde se insta a que los compromisos antiterroristas se traduzcan en sistemas de implementación y prohibiciones de viaje para los extremistas. Sin una responsabilidad real, a los Estados de la región les preocupa que el potencial de Daesh para cruzar fronteras, explotar las reivindicaciones locales y aprovecharse de las deficiencias en la gobernanza siga expandiéndose.

Enlace a historia original de Modern Diplomacy

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