Atentados yihadistas en 14 países durante Noviembre
Asia se hunde en la inestabilidad y crecen las señales de alerta en Occidente. Madrid también sufrió un atentado yihadista el pasado 22 de noviembre.
Santiago Carranza-Vélez
La Gaceta de la Iberosfera
10 de diciembre de 2025
El terrorismo yihadista vuelve a incendiar Asia Central y Meridional, alimentado —una vez más— por la instrumentalización política que distintos gobiernos realizan de estas organizaciones para debilitar a sus rivales regionales. El Observatorio de Atentados Yihadistas de noviembre de 2025 revela un mes marcado por atentados en India, Pakistán, Afganistán y Tayikistán, en un clima de acusaciones cruzadas entre Estados que denuncian la participación directa o indirecta de sus vecinos en ataques cada vez más mortíferos.
El 10 de noviembre, un terrorista suicida detonó un vehículo bomba en Nueva Delhi, cerca del histórico Fuerte Rojo, asesinando a 15 personas. La investigación señaló a Jaish-e-Mohammed y Ansar Ghazwat-ul-Hind, grupos asentados en Pakistán y activos en Cachemira. India volvió a apuntar al Gobierno de Islamabad por dar cobijo a organizaciones yihadistas, un patrón que Nueva Delhi denuncia desde hace años tras atentados como el de Pahalgam.
Apenas un día después, Islamabad sufrió el ataque más letal de la última década, cuando un kamikaze hizo estallar un camión cargado con explosivos en un acceso al distrito judicial, dejando 12 muertos y medio centenar de heridos. El atentado fue atribuido a Jamaat ul-Ahrar, integrado en la estructura del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), aunque la propia TTP negó su implicación directa. La autoría del atacante, de nacionalidad afgana, desató una tormenta política. Pakistán acusó al régimen talibán de proteger y facilitar a grupos terroristas que operan contra su territorio. El ministro de Defensa llegó a declarar que Pakistán se encuentra «en estado de guerra», extendiendo las acusaciones no sólo a Afganistán sino también a India.
El informe subraya el fortalecimiento acelerado de TTP, que absorbe continuamente pequeños grupos armados y actúa como paraguas para más de 75 organizaciones. Muchas funcionan como grupos pantalla que permiten al movimiento reivindicar ataques sin asumirlos públicamente. La expansión de TTP representa hoy uno de los principales factores de desestabilización en el país, especialmente en las zonas fronterizas con Afganistán.
El mes también dejó un episodio especialmente relevante en Tayikistán. En la remota región de Khatlon, un ataque con dron armado asesinó a tres trabajadores chinos cerca de una mina de oro operada por una empresa de Pekín. Las autoridades tayikas acusaron a «grupos criminales» procedentes de Afganistán y, de fondo, al propio gobierno talibán. Pakistán aprovechó para aumentar la presión sobre Kabul, en un triángulo de tensiones donde el terrorismo se usa como arma diplomática y como palanca de desestabilización.
El informe advierte de una tendencia inquietante: la implicación directa o indirecta de Estados que toleran, financian o permiten el funcionamiento de organizaciones yihadistas para avanzar sus objetivos estratégicos, un fenómeno que está alimentando el resurgimiento del terrorismo suní a escala regional.
Mientras tanto, en Occidente también se registraron episodios que han puesto en alerta a las autoridades. En la isla francesa de Olerón, un conductor arrolló a varias personas mientras profería proclamas religiosas. Aunque la fiscalía descartó un móvil terrorista y lo atribuyó a la drogadicción, los psiquiatras confirmaron que el agresor mantenía juicio estable, aumentando las dudas sobre la motivación real. En Washington, un afgano acogido por Estados Unidos tras haber colaborado con la CIA asesinó a un soldado de la Guardia Nacional y dejó herido a otro. El atacante realizó proclamas religiosas durante el crimen, pero por ahora no se le acusa de terrorismo. Trump, sin embargo, afirmó de inmediato que se trataba de «un acto terrorista». En Madrid, el 22 de noviembre, un español de 18 años apuñaló a varios viandantes en Vallecas antes de enfrentarse a la Policía Nacional. La Audiencia Nacional mantiene el caso bajo secreto, aunque se investiga un posible vínculo con el yihadismo.
El Observatorio señala que cada vez es más difícil distinguir entre ataques terroristas y agresiones cometidas por individuos bajo efectos de drogas o episodios psicóticos, un patrón visto en atentados recientes en Europa. El informe recuerda que el uso de estupefacientes antes de cometer ataques ha sido una práctica histórica de organizaciones terroristas, con el fin de desinhibir a los agresores.
En total, durante noviembre se registraron atentados yihadistas mortales en 14 países: Siria, Afganistán, Pakistán, India, Tayikistán, Mali, Burkina Faso, Benín, Níger, Nigeria, Camerún, República Democrática del Congo, Somalia y Kenia. El mes deja un mapa de violencia que refleja, según el informe, la expansión de la yihad global y la creciente fragilidad de los Estados que la enfrentan.
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